Las huellas de la pandemia

El último cigarrillo: la historia de cómo Claudiu dejó de fumar en la pandemia

Foto ilustrativa: Claudiu cumplió cinco meses sin fumar

Claudiu Popescu es europeo, pero como muchos extranjeros ha quedado cautivado por una mujer tarijeña que le ayudó a dejar el alcohol y el tabaco

El Buró

(agosto 16/2020) Detrás de cada fumador hay una historia con el cigarrillo: un principio y que, por desgracia, en muchas ocasiones no llega a un final. Pero la historia de Claudiu Popescu es diferente, porque no solo ha dejado atrás el tabaco, sino que también, durante una larga batalla, logró dejar el alcohol.

Su aventura con el tabaco comenzó cuando tenía 14 años. Allá en Europa puso entre sus dedos ese cigarrillo que sería el primero de muchos.

El “gringuito”, así le dicen sus suegros, llegó a Bolivia el año 2008 y ya traía consigo dos grandes vicios: el alcohol y el tabaco.

Claudiu Popescu tiene 44 años de edad, terminó sus estudios en fotografía en su tierra natal Rumania.

“A lo largo de mi vida he hecho una colección de vicios que se iban acumulando, pero también los he ido dejando uno por uno. Cuando llegue a Bolivia solo me quedaban dos vicios”.

El alcohol

Estando en el país, poco le importaba su futuro; poco le importaba los efectos que podía causar el alcohol y el tabaco en su salud.

Por azares de la vida, en su tour por Bolivia, Clau llegó a Tarija, sin imaginarse que en la tierra de la sonrisa su vida daría un giro de 180 grados.

Su primer negocio en Bolivia fue un PUB, esto le llevó a alimentar aún más sus vicios

Clau cuenta que cuando llegó a la capital chapaca quedó tan encantado que decidió quedarse un tiempo y emprender un negocio para subsistir. Pero sus ideas siempre quedaban encandiladas por el alcohol y el cigarrillo, entonces, junto con amigo decidieron emprender con un PUB, lo llamaron Shambala.

El negocio iba muy bien, era exitoso, pero también era el alimento de sus vicios; a medida que Shambala iba creciendo Clau se iba hundiendo en el trago y el cigarrillo.

Despertaba y lo primero que hacía era tomarse una copa de alcohol, lo propio en las noches, tomaba una copa antes de recostarse, esas copas formaban un hábito en la vida de Clau.

Llegó la mujer indicada

Pero cierto día llegó al bar aquella mujer que motivaría a Clau a cambiar de vida. Gabriela, así se llama la esposa y madre de los dos hijos del extranjero que hoy ha logrado la residencia boliviana.

Cuando Clau enamoraba con Gabriela sabía que ella era la indicada, pero también era consiente que sus vicios podían ser un impedimento para cumplir el sueño que ambos tenían: formar una familia.

Claudiu junto a su esposa Gabriela.

“En el momento que hemos decidido tener un hijo he dicho que voy a dejar el trago”, dice Claudiu con mucho orgullo. Ese día, tomó la decisión de internarse al Instituto Nacional en Prevención, Tratamiento, Rehabilitación e Investigación en Drogodependencias y Salud Mental (Intraid). También tuvo que dejar el PUB.

No fue fácil este proceso, Claudiu a un principio dejo el alcohol, él creía que ya se había curado, pero no fue así, nuevamente volvió a caer en las manos del alcoholismo. Así era una y otra vez; dejaba un tiempo el alcohol, pero después de unos días volvía a beber.

Así pasaron algunos años, y esos intentos vanos de dejar alcohol ponían tensa la relación de Clau y su esposa.

“Nunca hemos peleado con mi esposa por otra cosa que no fuera el trago”, recuerda Claudiu.

Abrumado con la situación, nuevamente se replanteó la idea de dejar el alcohol; esta vez, pese a que no creía en las terapias de rehabilitación, comenzó a asistir a las reuniones de alcohólicos anónimos.

“Les voy a ser sincero, la verdad siempre me hacia la burla del grupo de ayuda, no creía en esto”.

La primera regla para dejar el alcohol es fácil

Clau dice que la primera regla para dejar el alcohol es fácil: no levantar la primera copa. “El problema de los alcohólicos es que cuando tomas la primera copa desencadenas tu sed de alcohol y no puedes parar”.

Desde aquel día Clau aplicó esta “regla de oro” y ya lleva ocho años sobrio.

¿Porque bebías?

“Talvez lo hacía por una inestabilidad emocional, por mis problemas personales no solucionados, trataba de ocultar mis problemas en esto, pero hoy me he dado cuenta que no es una solución”.

El cigarro

Fue un gran paso dejar el alcohol. Ahora solo le quedaba el tabaco.

Al igual que su problema con el alcohol, Clau trató de dejar el cigarrillo.

Por el amor a sus hijos, él trataba de no fumar frente a ellos, pero con la pandemia cada día se le complicaba su propósito. Cierto día salió a la calle para una bocanada, pero no se percató que su hijo de 8 años lo espiaba.

¿Qué es esto? le preguntó su niño por el cigarrillo ¿Por qué lo haces? insistía el pequeño, “cuando sea grande yo también quiero”. Esas palabras dejaron a Clau anonadado y le hicieron repensar en dejar el cigarrillo.

“Siempre pensaba que era hora de dejar el cigarro, sé que quita años de vida y no quiero, yo quiero pasar el mayor tiempo de mi vida con mis hijos”, se motivaba Clau a diario para dejar de fumar.

Un martes, cuando Clau salió a realizar las compras semanales para casa, tomó la decisión de no comprar sus cigarrillos y así lo hizo, ese día no llevo sus cajetillas.

“Ese día que fui a realizar las comprar de comestibles y me dije: por qué no lo intento en la pandemia, y así fue, ese día no traje ninguna cajetilla a la casa, así fue las siguientes semanas, me ponía firme para no comprar”.

Los primeros días que dejó el tabaco la ansiedad se apoderó de él, pero su fuerza de voluntad pudo más, pasó toda esa semana sin fumar. El siguiente martes Clau tampoco trajo sus cigarrillos, las subsiguientes semanas también fueron así.

“Estaba ansioso, comía más, pero eso fue desapareciendo durante cada semana. El maní me ayudó con esa ansiedad. Hoy voy a hacer las compras y ya ni pienso en los cigarrillos”.

Hoy, Clau cumple lleva casi 5 meses sin fumar y asegura con firmeza que ya no lo hará.

“La salida de cualquier vicio es encontrar una razón para mejorar tu vida. Los vicios son ricos, pero no son buenos, nos quitan años a nuestra vida”: Claudiu Popescu.