El concepto de “sitiar La Paz” se remonta a 1781, cuando Túpac Katari encabezó el mayor cerco indígena contra la ciudad durante la colonia española. Más de dos siglos después, el término vuelve a resonar en el país en medio de bloqueos, movilizaciones y conflictos sociales que buscan presionar al gobierno de Rodrigo Paz Pereira desde las carreteras y los accesos a la sede de gobierno.
La historia boliviana registra que el primer gran sitio a La Paz ocurrió durante la rebelión indígena anticolonial liderada por Julián Apaza, conocido como Túpac Katari. Inspirado en el levantamiento de Túpac Amaru II en el Cusco, Katari organizó en 1781 un cerco sobre La Paz que buscaba aislar completamente a la ciudad.
El objetivo era cortar el abastecimiento de alimentos y desgastar a las autoridades coloniales. Durante meses, miles de indígenas controlaron los caminos y dejaron a la ciudad sumida en hambre, epidemias y desesperación. El episodio quedó marcado como uno de los mayores desafíos al dominio español en el Alto Perú.
Una situación similar se vive hoy en la ciudad de La Paz, con más de 22 puntos de bloqueo que, tras más de dos semanas, provocaron desabastecimiento de alimentos en los centros de abasto e incrementos desproporcionados de precios en detrimento de la economía de la ciudadanía paceña.
Pero. ¿Cómo terminó el cerco de La Paz en la época de Túpac Katari?
Según la historia, el sitio concluyó tras la reorganización de las fuerzas españolas y el desgaste interno del movimiento rebelde. De acuerdo con el relato de Carlos Mesa Gisbert en su Historia de Bolivia, tropas realistas lograron romper el cerco y reabrir las rutas de abastecimiento hacia la ciudad. A esto se sumaron divisiones internas y dificultades de coordinación entre los grupos indígenas sublevados. Meses después, Túpac Katari fue capturado y ejecutado por descuartizamiento en noviembre de 1781, en un intento de las autoridades coloniales por frenar nuevas rebeliones indígenas.
En la actualidad, para contrarrestar la presión política ejercida por grupos afines al Movimiento al Socialismo, el Gobierno activó puentes aéreos para garantizar el abastecimiento, impulsó acciones judiciales contra los promotores de los bloqueos, abrió espacios de negociación con sectores movilizados y desplegó operativos policiales y militares en puntos estratégicos. Incluso, ante la prolongación del conflicto, el desabastecimiento y el incremento de la tensión en la sede de gobierno, desde diversos sectores surgieron pedidos para que el Gobierno evalúe la declaración de un estado de sitio.
Pese a la derrota militar de Túpac Katari, el cerco dejó una profunda huella política y simbólica en la historia boliviana. Desde entonces, la idea del “cerco” o “sitio” a La Paz quedó instalada en la memoria política del país como una forma de presión sobre el centro del poder.
Sin embargo, historiadores advierten que, aunque existe una referencia simbólica al cerco liderado por Túpac Katari, las condiciones políticas y sociales son distintas. Mientras el sitio colonial respondía a una rebelión indígena contra el dominio español, los conflictos actuales se desarrollan dentro de un Estado democrático, marcado por disputas políticas internas, crisis económica y tensiones sociales.
Aun así, la expresión “sitiar La Paz” mantiene una fuerte carga histórica y política en Bolivia. Más que una simple consigna, representa una estrategia de presión sobre el gobierno.