
Una intensa ola de calor ha golpeado gran parte de Europa durante los últimos días, dejando temperaturas excepcionalmente altas y obligando a numerosos gobiernos a activar planes de emergencia para proteger a la población.
En Francia, el episodio ha sido especialmente severo. Las temperaturas alcanzaron aproximadamente 40 °C en París, 42 °C en Burdeos, 39 °C en Marsella, 41 °C en Lyon y 37 °C en Lille, valores muy superiores a los habituales para finales de junio. Las autoridades mantuvieron decenas de departamentos bajo alerta máxima debido al riesgo extremo para la salud, especialmente entre personas mayores y población vulnerable.
La situación no se limitó a Francia. En Madrid los termómetros superaron los 42 °C, mientras que Roma registró alrededor de 39 °C, Berlín alcanzó los 38 °C, Bruselas rondó los 36 °C, Londres superó los 34 °C, Lisboa llegó a 40 °C y Praga registró cerca de 39 °C.
Las altas temperaturas provocaron importantes interrupciones en el transporte ferroviario, restricciones en actividades al aire libre y un aumento significativo de las hospitalizaciones por golpes de calor y deshidratación. Las autoridades sanitarias recomendaron evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día, hidratarse constantemente y prestar especial atención a niños y personas mayores.
En Francia, los servicios sanitarios informaron de un importante exceso de mortalidad asociado al episodio de calor extremo, mientras hospitales y servicios de emergencia trabajaron bajo una fuerte presión debido al elevado número de intervenciones relacionadas con las altas temperaturas.
Los meteorólogos señalan que esta ola de calor ha sido una de las más intensas registradas en Europa occidental en los últimos años y advierten que este tipo de fenómenos extremos se están volviendo cada vez más frecuentes e intensos.
